CLUB ATLETICO CENTRAL CORDOBA DE ROSARIO
CLUB | Historia
10/02/2017
100 años del nacimiento de Vicente De la Mata

Máximo referente de nuestra historia, nació en el barrio República de la Sexta el 15 de Enero de 1918. Fue un futbolista espectacular que marcó una época en el fútbol argentino. Un enfoque de su trayectoria con la casaca Charrúa, las dos etapas, su función como entrenador y formador. Breve homenaje al Gallego quien será por siempre Capote.

Julio Rodríguez

La familia De la Mata llegó de la ciudad de Galicia a principios del siglo veinte con el sueño de prosperidad para intentar “hacer la América” como la mayoría de los europeos que viajaron a los principales puertos de nuestro país. Los De la Mata anclaron a orillas del río Paraná ahí donde Rosario comenzaba a establecerse como ciudad portuaria con su incipiente empuje. Según el historiador local Nicolás Zinni, en su libro el Rosario de Satanás, “la madre de los padres de Vicente De la Mata tenía una quinta que le llamábamos La Quinta de Juan Mentira y estaba ubicada atrás de la cancha de Central Córdoba”, el detalle no es menor ya que así nació el fanatismo de don Vicente por los colores azules y rojos. El 15 de Enero de 1918 nació el primer hijo del matrimonio de Vicente De la Mata y Elena García, el nombre elegido fue el del padre.

Criado en la Sexta, Vicentito se nutrió de los numerosos potreros que circundaban aquella zona. De pequeño incursionó en los equipos del barrio que nacían al son de la tiento. Compartió el team del Estudiantil Porteño con José Casalini y los hermanos Villalba quienes más tarde ficharían en Central Córdoba. “De pibe me gustaba el arco. Era chiquito y flaco. En los partidos disputados en el hueco, esperaba siempre que un forward avanzara para tirármele a los pies…Era mi gran alegría…Ahora comprendo que no me lastimaron porque mi escaso físico los paralizaba”, le contó en una entrevista al reconocido periodista Borocotó para El Gráfico tras su aparición rutilante en 1937.

Su papá fue trabajador portuario y los domingos cruzaba el bulevar 27 de febrero en la peregrinación de toda una barriada al viejo estadio Charrúa. Ahí los azules intentaban hacer pie en la liga Rosarina eclipsados por la genial batuta comandado por Gabino Sosa. En 1930, cuando Vicente cumplió doce años firmó su ficha con la institución para alegría paterna. “Mi papá era un gran hincha de los charrúas. Siempre me decía: ‘Mi gusto sería que jugaras al lado de Gabino…Es mi esperanza…Y vas a jugar junto a Gabino…Verás…’ Y llegué a jugar al lado del Negro, pero mi padre no alcanzó a verme…Pobre viejo, se murió antes”, soltó con melancolía el insider.

La quinta división fue su destino inicial. “No me pusieron muchos partidos porque temían que me lastimara. Carballada, exjugador de Central Córdoba y delegado de la quinta, me cuidaba. Fue mi consejero. Él sabía esperar más que yo. En 1931 jugué casi efectivo en la quinta en donde quedé hasta el final de 1934. En el 33 fuimos campeones invictos, siendo scorer el insider izquierdo Miño; al año siguiente también finalizamos invictos, pero me correspondió a mí ser el scorer”.

En la previa a la finalísima del trofeo Beccar Varela en el viejo estadio de River entre Racing y los Charrúas, De la Mata vivió en carne propia la pasión por nuestros colores. Si bien fuimos goleados en el preliminar de quinta contra Tigre 7 a 2, el pibe se aquerenció gracias al histórico título logrado aquel 11 de Febrero de 1934. 


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Un año más tarde y gracias a la recomendación del maestro debutó en primera. “El club andaba buscando un winger. Sosa dijo que no compraran a nadie; que yo podría llenar ese puesto. Dos partidos antes de terminar la temporada pasé al lado del maestro como insider derecho. Después, el año pasado, me tocó reemplazarlo…Cuando lo sacaron a Gabino porque estaba un poco lerdo, según dicen, fue cuando más consejos me dio…"Largala…; te van a lastimas…; no gambetees tanto…”.

El 12 de Mayo hizo su estreno en el estadio de Belgrano ubicado en el barrio del mismo nombre. El partido se suspendió por incidentes del público y continuó el 23 a la mañana con cinco mil hinchas en las tribunas. Se completaron 17 minutos y apenas iba uno de juego cuando De la Mata recibió un pase de Stagi y mediante un tiro bajo marcó su primer gol. Un debut inolvidable. En dicha temporada redondeó 17 juegos y 13 goles. Por si fuera poco, aquella aparición explosiva recibió la convocatoria del combinado rosarino donde le tocó viajar a Montevideo para enfrentar a Uruguay en el estadio Centenario. El 28 de Diciembre, el Gallego estrenó la casaca rojiblanca con una victoria por 3 a 2. Al año siguiente fue la figura rutilante en el seleccionado local sumando seis encuentros y tres goles.

El verano de 1936 comenzó con todo en una gira de los Charrúas por Bahía Blanca y Mar del Plata, que luego continuó en febrero por la provincia de Mendoza. Allí los medios nacionales se hicieron eco de su gran labor que sirvió para mantener el invicto en los ochos partidos con seis victorias y apenas dos pardas. “Poseedor de una gambeta endiablada, De la Mata puso de relieve un dominio extraordinario de la pelota y una exacta noción del 'possing’, y su característico juego de 'apilador’ hizo que desde el primer momento se convirtiera en un ídolo de las graderías y sobretodo de los pibes, que vieron en De la Mata, a un franco exponente de ese juego teniendo algo del clásico potrero del barrio, se ha depurado al pulirse con la técnica y las exigencias del profesionalismo”, así lo graficó el diario bahiense La Nueva Provincia.

Central Córdoba coronó ese año con un rutilante torneo local destacándose por varios cuerpos sobre el resto de los rivales. Vicente De la Mata fue su as de espadas en un tiempo de recambio del equipo ya que comenzaba a declinar la figura de Gabino Sosa y aparecieron numerosos futbolistas para seguir el camino de grandeza trazado por el viejo maestro. “A éste pibe lo mantenemos con espinaca”, remató chispeante el back José Bussano cuando los medios rosarinos ya se hacían eco de las gambetas del Gaita. Esa campaña tuvo picos extraordinarios como el 23 de Noviembre cuando goleamos a Rosario Central 5 a 1 en nuestro estadio y el Gallego se destapó con tres tantos. “Vicente De la Mata ha sido fuera de toda duda uno de los jugadores nuevos que en forma más rápida llegó al camino de la consagración, el domingo último actuando como centro delantero y ocupando el puesto que llenara por tantos años Gabino Sosa, tuvo, podemos decir su consagración definitiva como director de la línea de ágiles. (…) Puso De la Mata el domingo último los mismos al servicio de una voluntad amplia de triunfar y de esa manera llegó al final de la lucha con un saldo amplio a su favor y sin dejar de reconocer que tuvo en sus demás compañeros a colaboradores eficaces puede decirse sin temor a equivocarse que mucho de la victoria de los charrúas se debe a la labor brillantísima de su centro delantero”, describió su juego deslumbrante el periódico local,Crónica.

La seguidilla de ocho triunfos sucesivos con 36 goles permitieron la vuelta olímpica en 25 de Diciembre y Virasoro. La figura de Vicente eclipsó al entonces director técnico del seleccionado nacional, Manuel Seoane que de inmediato lo convocó para el inminente campeonato Sudamericano a jugarse en el verano de 1937 en el Viejo Gasómetro. Lo que siguió es historia pura, la consagración, el nacimiento de Capote, su rutilante venta a Independiente -por 27.500 pesos, récord para nuestro club-, la idolatría en los rojos signando más de una década de equipazos y títulos que lo catapultaron a lo más alto de la escena futbolística del país.


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En 1951 pegó la vuelta a la ciudad para calzarse la rojinegra de Newell’s. Pero en el Parque jugó poco por una serie de lesiones dejando un saldo de apenas 23 partidos y un gol entre dos campeonatos. En 1953 decidió por fin el regreso a barrio Tablada donde hacíamos el estreno en la segunda división luego del ascenso obtenido el año anterior. Hasta la revista El Gráfico se interesó por el regreso a su primer amor. “(…) Ha vuelto a su Central Córdoba después de un período en que vistiera en el pecho la E de entrenador. No aguantó el retiro. Aquel pibe que quería jugar es el mismo que quiere jugar aunque ya tenga 36 almanaques, ¿hasta cuándo? Hasta siempre”.

A comienzos de 1954, desmintió al diario La Acción que vaya a irse del barrio. “Diga usted que me hallo muy cómodo en Central Córdoba y que no voy a abandonar sus filas. Aquí comencé a gustar las primeras satisfacciones de mi vida deportivo y he podido comprobar a mi regreso que todo sigue igual que antes. Nada ha cambiado. Los mismos compañeros y amigos y los afectos de siempre”. Capote desplegó su experiencia al servicio de una base de juveniles e imitando al Negro Gabino, ofició de maestro para algunos apellidos que comenzaban a tener vuelo propio: el “Gallego” Dante Álvarez, José “Pocho” Chan, el “Petiso” Antonio Delogú, Indalecio López y el “Cabezón” Antonio Scavone.

En esos tres años acumuló ochenta encuentros y anotó once goles. Su capítulo como futbolista finalizó el 19 de Noviembre de 1955 luego de la victoria 2-1 versus Excursionistas. Después encaró para la localidad cordobesa de Leones donde siguió desplegando sus genialidades e igualmente su vínculo con los Charrúas permaneció intacto, por eso en la madrugada del 1º de Diciembre de 1957 mientras una multitud de hinchas esperaba la llegada del plantel que había ascendido a Primera División en Quilmes, la mítica figura de Capote apareció por la sede de avenida San Martín para festejar, ahora sí, todos juntos el arribo a la “A”.


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El 13 de Agosto de 1960 se calzó el buzo de D.T. cargo que honró durante tres campeonato en la vieja Primera B. Años más tarde ofició de mozo de su propio bar enclavado en la esquina céntrica de Corrientes y Urquiza llamado por supuesto, “Capote”. Hasta ahí llegó el periodista Justo Palacios para entrevistarlo circa octubre de 1976 y la nota salió en el diario La Tribuna. Se lo notaba hastiado del fútbol moderno y evocó la simpleza con que se jugaba antes. “"Hacíamos la pared, la bocacalle, todo. El jugador de antes construía todo eso que quiere asomar como novedad en el fútbol actual. Yo me aburrí de hacer paredes. Pude construir miles de casas. Y tengo una sola”.

Cuatro años más tarde llegó el final. “El ‘Gallego’ fue internado el 22 de Julio en un sanatorio de la calle Corrientes al 1200, como consecuencia de un enfisema pulmonar, dolencia que ya había experimentado cuatro años antes y que se había confirmado ahora con otros problemas de tipo circulatorios. Eran las 5.15, aproximadamente, cuando “Capote” sufrió el primero de los dos ataques cardíacos casi sucesivos, que determinaron su posterior deceso, alrededor de las 6”, informó el diario La Capital en su edición el día después al fatídico 4 de Agosto de 1980. Había fallecido un grande y fue despedido con todos los honores. “Se fue el mejor alumno de Gabino; se fue uno de los últimos grandes del fútbol argentino. Nosotros lo acompañaremos en esta última jugada, en la que no pudo gambetear al último adversario”, afirmó su excompañero, Félix Ibarra durante el sepelio en el cementerio El Salvador.


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Ficha técnica

Lugar y fecha de nacimiento: Rosario, 15 de Enero de 1918.
Debut: 12 de Mayo de 1935 (vs. Belgrano 3-2).
PJ: 124. G: 45. T: 1936 Torneo Gobernador Molinas.
Como DT: PD: 61. G: 26. E: 12. P: 23. Eficacia: 52,45%.
Fue directivo entre 1953 y 1956.

Julio Rodriguez

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